Carta a mi hijo soldado
Querido hijo:
Hace mucho tiempo que no tenemos noticias tuyas. Sabemos que estás muy bien y muy contento haciendo lo que realmente te gusta. Nosotros acá en casa como siempre. Tu padre un poco enfermo y yo con estos aburrimientos. Hoy he pagado mis impuestos para la defensa nacional. Nos sentimos muy orgullosos de haber cumplido con la patria. Hoy nos acordamos de ti, mirando un serial de guerra muy entretenido. ˇQué maravilla ver los soldados en el frente!
ˇQué bien les quedan esos trajes! Realmente se ven todos tan valientes. ˇQué maravilla debe ser todo allí!. Trabaja un muchacho rubio que se te parece tanto, que tu padre y yo nos emocionamos realmente. Para las Navidades esperamos tenerte en la mesa y brindar por la victoria; que esas son nuestras mayores ilusiones: tenerte en casa para las Navidades.
Te voy a contar que el nene de tu hermana se parece cada vez más a su tío, tanto, que quiere ser soldado como él. ˇTe imaginarás el orgullo de tu padre que lo primero que hizo fue regalarle un rifle y un revólver de esos que usan los soldados en la televisión!. La próxima carta espero que cuentes lo bien que lo estarás pasando y las cosas lindas y lejanas que estarás conociendo; porque realmente nosotros no conocemos nada de esas cosas. Ahora me despido y vuelve muy prontito a casa. Te besa tu madre.
Querida madre:
A esta hora estoy muriendo en un arrozal. ˇSi vieras qué verde es la muerte mía! El estruendo de las bombas y el llanto de los nińos ya son cosas lejanas. Estoy muriendo en un arrozal. Yo creía que ellos tiraban balas, madre, pero tiran arroz. Estoy muriendo de arroz. Yo muero y el arrozal crece en torno mío. Si tú vieras qué verde es la vida de esos y la muerte mía. He comprendido que la vida es arroz, madre, y la muerte es verde y sola. Dile a los muchachos que aún no han venido que siembren arroz, que lo cubran todo de verde, que la vida es arroz, madre, la vida es arroz.
Muere, soldado, muere al revés. Muere soldado, muere al revés. No mueras muerto de bala; muere porque otro ha venido a crecer.
Muere, soldado, muere por mí. Muere, soldado, muere por mí; no mueras muerto por nada. Muere gritando, que NO HAY QUE MORIR.
Manuel Picón.
