
Pero no me junten las dos cosas que luego proponen ecológicas glipolleces como: “Hoy cinco minutos de apagón en solidaridad con el planeta que mañana nos vamos a la noche en blanco de Madrid, que encienden ciento y pico mil focos azules en la ribera del Manzanares”. No he visto bombillas de bajo consumo en las verbenas de tantos pueblos en fiesta como había este verano en toda la geografía española., ¿A quién pretenden engañar las administraciones con sus anuncios sobre ahorro energético?. En la crísis del petróleo de 1973 el franquismo decidió suprimir las sesiones golfas de cine, obligó a las compañías de teatro a terminar su función antes de las 00:00 horas, los “clubs” cerraban obligatoriamente antes de la medianoche y TVE finalizaba la programación a las 23:30pm. Había que ahorrar energía. No hablo de la demagogía de España de posguerra que tanto han descrito en sus libros aquellos que no la vivieron. Hablo de 1973.
Holanda fue pionera en prohibir (sí prohibir, ahí donde les ven) lo que los neolíberals llamarían hoy “la libre circulación”. No era extraño ver a trabajadores ponerse de acuerdo para ir juntos en el coche de uno sólo, como en las huelgas; total… ¿acaso no llevamos todos los dias al trabajo a cuatro plazas ocupadas por el aire?. Había que dejar el tránsito despejado para el Transporte Público, como si recuerdan, ocurrió cuando lo de circular matrículas pares un dia y los vehículos con matrículas impares otro dia. Aquello se hacía los domingos.
En lo personal, tengo la suerte de haber sido educado por mis padres (no por vulgares progenitores “A” y “B”), ya saben: “niño cierra ese grifo”, “niño no dejes la luz encendida si no vas a estar en tu cuarto”, “niño acábate todo el plato que es un pecado tirar la comida”, y ya de más mayor cuando la edad del pavo, estar pegado al teléfono y eso… “Chacho cuelga ya, que el contador luego pasa factura”. No vivíamos de las marcas de ropa. Sí, ya lo sé, ustedes son del Progreso (así luego se la hincan por detrás, por eso). Si un niño quería ir a un manicomio no tenía más que, teniendo un pantalón de colegio en buenas condiciones (y cuando digo en buenas condiciones, todo el mundo tiene que entender que digo en buenas condiciones) emperrarse en que le compraran otro pantalón nuevo, sólo porque se lo había visto a su amigo Manolito. En Alemania los libros de texto eran del Estado, los estudiantes los recibían en clase al empezar el curso, y al terminar habían de devolverlos en perfecto estado dado que, en caso contrario, los padres tendrían que abonar su precio para que al curso siguiente el ejemplar fuera repuesto. Obviamente el Estado no se va a poner trampas a sí mismo, de modo que no hacían la socialdemócrata gilipollez de cambiar de libro de texto cada curso. Cuando los padres pagan entonces sí: el libro de tu hijo de 12 años no le vale al de 11.
Pero entonces ¿Dónde queda la libertad de los grupos editoriales?. Libertad para enriquecerse, of course, que a eso reduce el capitalismo el vocablo libertad. No exite presidente de gobierno en España que pueda peatonalizar el centro de Valencia, por ponerles un caso. Los comerciantes protestarían airados: “Es un ataque a la libertad de empresa“. En los 60 nos hablaban que la ecología debía estar en orígen, en el orígen de la cadena. La ecología no promueve que la gente cocine con leña (salvo los ricos con sus barbacoas, of course), se alumbre con velas, o deje de respirar para que haya menos contaminación. Eso no sirve comparado con el gran despilfarro de fabricar stocks para que funcione “su” economía,; la gran orgía de objetos repetidos que se ponen a la venta para garantizar la libertad de que, si tú fabricas coches, yo tengo derecho a fabricarlos también… aunque sean iguales salvo en el aspecto; aunque muchos modelos de tantas y tantas gama no los lleguemos a vender. Eso sí, cuando les hablas de la libertad de los trabajadores para poder usar esos mismos coches te dicen: “Hombre, eso…” Las cafeterías no cambian sus cafeteras porque se les quedan anticuadas, sino para garantizar la libertad de fabricar que tienen los empresarios del ramo. Aquí “tó dios” tiene libertad y tiene derecho a vender cafeteras como los demás hacen. Las marquesinas de las paradas de autobús no se cambian tantas veces porque las nuevas posean asientos más cómodos, sino para garantizar la libertad de las empresas de mobiliario urbano de obtener beneficios fabricando unas nuevas y cambiándolas una y otra vez. Libertad para recalificar terrenos devastados por los incendios ¿Soy el único que ha visto descender este verano drásticamente los incendios ante las pocas expectativas de las constructoras para el próximo bienio?.
Los trabajadores no llegan a final de mes, los jovenes no tienen casa, las mujeres no pueden tener hijos porque las echan del trabajo ¿Y la pasarela Cibeles?, ¿Se puso alguna vez tu madre esos vestidos?, ¿Los llevará tu novia alguna vez?. ¿Es de interés común esa juerga golfa?. ¡Ah claro!, es ropa ecológica que ayudará a que no haya mujeres desnudas en África ¿Era eso?. No, es la libertad de los empresarios de la moda, ni se os ocurra poner en duda su derecho !Si los neolíberals defienden precisamente eso, la libertad…! LIbertad de que sus fábricas textiles sean las que contaminen los ríos, Libertad de callarse cuando sus empresas creadas para mantener una central nuclear haga mal su trabajo y se produzcan fugas radioactivas, Libertad para alterar los precios y las medidas, Libertad para pactar precios con la competencia a espaldas de Estado, Libertad que los trabajadores deben salvaguardar cuando les llega la bancarota y entonces sí, el Estado debe intervenir para saldar sus deudas y darles “liquidez” en forma de millones en billetes. Pero por favor, no regulemos el consumo así se acabe el planeta, que la libertad de economía es sagrada y la ecología sólo es una optativa.
escuchaba mientras: Sligo Creek, The Al Petteway Group,